Ante el fin del viejo mundo: transición o catástrofe

El cambio climático es el problema más grave al que ya se está enfrentando la humanidad. Y por ello debemos responder con soluciones rápidas, concretas y capaces de resolver una encrucijada sin precedentes. Y en esta lucha cada territorio tiene que hacer su parte. Por eso hemos aprobado una ley de cambio climático y transición energética que servirá para poner los cimientos no solo de un simple cambio legislativo sino de un cambio cultural y de conciencia que ha de considerar el planeta nuestro único hogar posible.

Los últimos informes de expertos reconocidos a nivel internacional nos dicen que padeceremos graves problemas antes de lo esperado. Que el que aumente la temperatura 1,5 ºC ya supondrá desastres nunca vistos. Cosa que podría pasar en muy pocos años. Y no. No serán desastres naturales porque serán de nuestra entera responsabilidad y afectarán a todo el mundo. Las tormentas, incendios forestales, sequías, olas de calor e inundaciones que se han producido recientemente, habiendo aumentado tan solo un grado las temperaturas, no tienen precedentes. Por ello, como territorio insular tenemos una misión: ser los pioneros y servir de modelo al resto del mundo.

Dejar de producir en esta tierra de 300 días de sol la mitad de nuestra energía mediante la quema de carbón. Eso es lo que nos han pedido la Unión Europea y la comunidad internacional que consideran las islas, por sus pequeñas dimensiones y territorio limitado, capaces de llevar a cabo los cambios necesarios antes que los demás.    No tan solo para servir de ejemplo sino también porque el cambio climático nos afectará especialmente a las islas.

Toda crisis es sin embargo una oportunidad y el cambio climático puede ser el principio de un cambio de paradigma económico en nuestras islas. Podemos crear puestos de trabajo de calidad, recolocar a trabajadores que han perdido su empleo, reavivar la industria de las Islas Baleares, y salir del callejón sin salida de la dependencia energética y de los monopolios. Es nuestra obligación acabar con el dominio de grandes empresas con expolíticos en sus consejos de administración que son capaces de cerrar centrales en plena ola de frío para especular con el precio de la energía.

La transición energética ha de romper con los que especulan con la pobreza energética, forrándose mientras dejan en números rojos las cuentas de la gente. Por eso con esta ley echa a andar el Instituto Balear de la Energía, una nueva empresa pública que comercializará energía a propuesta de Podemos.

Este nuevo ente ha de ser capaz de competir en igualdad de condiciones con las grandes para que bajen los precios de la energía más cara de Europa. Porque el viento, las olas del mar y el sol no son de nadie y la iniciativa pública y la democratización de la energía nos permitirán que la gente pueda cooperar y asociarse para decidir sobre un recurso tan básico como la energía a precios asequibles.

La ley de cambio climático es una gran ley pero hace falta un pequeño esfuerzo más y por eso hemos luchado hasta el final para que se acorten los plazos de los objetivos a llevar a cabo, para que se pongan placas fotovoltaicas en todos los parkings de más de 1.000 metros cuadrados, y para que todos los vehículos de los rent a car sean eléctricos en 2040.

Habrá quién diga que queremos ir demasiado deprisa. Pero no. Eso es imposible. Porque el cambio climático no espera a que nos adaptemos. O nos adaptamos cuanto antes a esta realidad o podemos comprometer nuestro futuro como especie. Pongamos nuestro granito de arena.

Artículo de Carlos Saura, diputado de Podemos en el Parlament de les Illes Balears, publicado en el diario Última Hora